
Mala manera de acabar juntos en el Clásico. (foto Milenio)
Mas allá de la alegría o tristeza que nos provocó el resultado del Clásico 89, independientemente de las reflexiones en lo futbolístico, del análisis de lo táctico, merece la pena dirigir la atención al fenómeno de la violencia fuera de la cancha.
Sin ignorar el hecho de que es un mal universal y no exclusivo de nuestro ámbito, resulta muy desagradable contemplar estos incidentes, sobre todo por que involucran casi exclusivamente a jóvenes. ¡Ni hablemos del mal ejemplo que ponen los jugadores!
Impresiona que habiendo 2500 efectivos de todas las corporaciones y a todos los niveles, un puñado de camarógrafos de los medios de comunicación pueda estar en el lugar de los hechos con mucha más presteza y oportunidad que los mismos policías.
La ineficiencia de tales operativos es evidente, no hay una adecuada capacitación, y se prefiere lidiar con las consecuencias en vez de planear adecuadamente.
¿Por qué se permite el paso a integrantes de las barras que no traen boleto para el partido? En las competencias celebradas en países bien preparados, se hacen retenes cada cierta distancia y quienes carecen de boleto no llegan a 10 kilómetros de distancia del estadio. ¡Y pobre del que haga desorden! Ahí si se quedan en la cárcel.
Lo cierto es que estamos fallando, las autoridades con su nula capacitación y planeación ineficiente, y los cabezas de familia con la forma en como educamos a nuestros hijos, que en grupo, adquieren una “valentía” enajenante, que los hace capaces de atrocidades como las que vimos en la prensa esta semana pasada.
¡Basta ya! Tomemos cada quien nuestra responsabilidad, y pongamos un grano de arena para erradicar la violencia descarnada en nuestra sociedad, comenzando en el futbol.
Post a Comment